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LA PARÁBOLA DE LA LÁMPARA
DE KEROSÉN
Mario Liani - Numerólogo
(Caracas - Venezuela)
Esta parábola ha
sido canalizada a través de la energía del Grupo
de Kryon. El canalizador no pretende convencer acerca de la
proveniencia de la misma, declarando una proveniencia que
en definitiva no tendría importancia, pues lo que interesaría
sería que tú, lector, discernieras la esencia
de verdad a través de tu intuición.
Queridos ángeles humanos:
El propósito de espacir
la Luz a su alrededor representa la impecabilidad del humano
por asumir su contrato al nivel que le corresponda en relación
con su grupo familiar terrenal.
Cuando ustedes asumen ese contrato,
es recomendable que lo hagan con toda la intención
que sea posible dedicar al propósito que han escogido
asumir, pues ello podría establecer una gran diferencia
sobre el resultado que se espera obtengan.
Esparcir la Luz individual
es parecido a iluminar un ambiente a través de una
lámpara de kerosén. Cuando se desea encender
la luz de una lámpara de kerosén, hay que tomar
unas simples precauciones, a través de las siete fases
que le voy a presentar.
La primera de todas es asegurarse
que el depósito de combustible esté lleno, pues
se necesita una reserva de combustible que proporcione la
mayor cobertura de luz posible durante el tiempo que sea necesario.
Esto significa que para esparcir Luz a su alrededor es necesario
poseer el poder de alimentar la llama de la combustión
espiritual y para ello, primero hay que preocuparse por llenar
el depósito con combustible espiritual, en una medida
suficiente y necesaria que garantice su perduración.
La segunda fase consiste en
asegurarse de que la mecha que se usará ya fue introducida
en el depósito de combustible, que tenga el largo suficiente
para conectarse con el nivel más profundo del depósito
y que esté limpia, de manera que pueda producir una
llama clara y estable. Esto significa que el depósito
de combustible espiritual debe estar conectado con el propósito
de llevar la Luz afuera de ustedes. La mecha representa el
vínculo que une el combustible espiritual acumulado
con el propósito de esparcir la Luz a su alrededor.
La tercera indicación
estriba en encender la mecha y graduar la intensidad de la
luz hasta lograr una llama estable que proporcione una luz
clara y uniforme, sin que la mecha humee demasiado o llegue
a ser tan débil que parezca estar a punto de apagarse.
Esto significa que el propósito de esparcir la Luz
debe ser claro, firme y equilibrado, evitando caer en extremos:
la inseguridad o falta de confianza en las propias capacidades
o por el contrario, un exceso de confianza o una actitud de
alarde y aspaviento procurando llamar la atención con
lo que se trate de hacer o demostrar. lo que al final produciría
quizás "mucho humo y poco fuego".
La cuarta sugerencia consiste
en procurar dentro de la estancia o ambiente, un lugar alto
donde colocar la lámpara para que ella cumpla con su
función: proporcionar luz o iluminar la mayor cantidad
de espacio posible, procurando no dejar muchos rincones oscuros.
Generalmente ese lugar apropiado es en el centro de la estancia,
en la parte más elevada posible. Esto establece la
necesidad que el humano procure su centro y desde ese elevado
punto de equilibrio proyecte con naturalidad su Luz, a sabiendas
que esa Luz iluminará a su alrededor tanto como sea
necesario.
La quinta fase señala
la necesidad que el humano observe qué actividad ocurre
a su alrededor. Es posible que nuestro humano perciba que
en una esquina de su habitación se esté realizando
una actividad donde haga falta mayor iluminación para
ver mejor y en detalle lo que se hace. Su deber estribaría
entonces en llevar su lámpara de kerosén a esa
esquina, para así contribuir a que tal actividad se
llegue a realizar con mayor claridad. Esto señala la
importancia de que el humano esté atento a lo que ocurre
a su alrededor, observando principalmente donde se requiere
que su Luz sea llevada para ayudar a otros a percibir mejor.
La sexta indicación
se refiere a la forma en que puede ser llevada la luz a la
esquina oscura. Es probable que en esa esquina se esté
realizando una actividad no muy evidente o llamativa, donde
no sea necesario llegar intempestivamente y colocar de sopetón
la lámpara en medio de la escena. Quizás se
haga necesario acercarse con suavidad y delicadeza, pues tal
vez las personas que estén en esa esquina no hayan
pedido que se ilumine su escena: quizás deseen permanecer
en la penumbra o apenas podrían desear obtener un poco
más de claridad desde un perímetro alejado.
Esto caracteriza la necesidad de que el humano aprenda a aproximarse
a los lugares donde la Luz pueda parecerle escasa o deficiente,
haciéndolo con precaución, con la sutil intención
de arrojar Luz desde lejos, indirectamente, como al descuido,
para no perturbar o interferir en las acciones que se estén
desarrollando, pues al final el libre albedrío de los
demás debe ser respetado.
La séptima fase se refiere
al momento en que las personas permanecientes en la esquina
poco iluminada comienzan a percibir la aproximación
de alguien que trae un poco más de luz a su escenario.
En ese momento, es muy probable que se den cuenta de que se
hallaban en la oscuridad y por eso distinguían muy
poco lo que ocurría a su alrededor. Ahora entienden
que viene alguien trayendo más luz y por tanto lo llaman:
"Hey, ¡acerca un poco más esa lámpara,
que nos hace falta ver mejor!". Este aspecto se refiere
al momento en que el humano debería estar listo para
reconocer cuando se le propicia el mejor momento para acercarse
a una escena sin interferir demasiado, pues ha sido invitado
a arrojar mayor Luz. Ahora todos le reconocen como el portador
de la Lámpara de la Luz y le piden que coloque su Luz
al servicio de los demás. Esta séptima indicación
está vinculada con la responsabilidad que debe tener
el humano en mantener la Luz cuando ha asumido su compromiso
de ser su portador y difusor.
El que cuida la lámpara
tiene la obligación de cuidar que el depósito
de combustible siempre este lleno y estar pendiente de manipular
periódicamente la mecha para elevar la llama cuando
ésta comience a decaer o corra el riesgo de extinguirse.
Es un trabajo de mantenimiento tan importante como las fases
que se han descrito con anterioridad, pues los otros humanos
presentes en la estancia han entendido que él cuida
de la Luz de la estancia, pues él convive en la estancia
con los demás y entiende que su Luz le es útil
para ver y también para ayudar a otros a ver. Esto
último representa la intención del humano en
responsabilizarse por si mismo y por mantener todo aquello
por lo cual ha trabajado hasta el presente. Mantener las condiciones
para que su Luz brille para si y también para los demás,
consiste en un mismo propósito, pues todo está
conectado.
Al final, el humano de esta
parábola aprendió:
Que él es como una especie
de lámpara repleta de combustible espiritual, que sólo
él puede producir, reproducir y acumular.
Que la mecha de esa lámpara
representa el propósito o la intención que él
manifiesta de esparcir la Luz a su alrededor, para si mismo
principalmente y luego indirectamente para los demás.
Que hay que cuidar la forma
como se esparce la Luz, procurando evitar interferir con el
libre albedrío de los demás.
Que las mismas condiciones
del ambiente demandarán la presencia de su Luz, la
cual será solicitada apenas cuando otros la vislumbren
pues al percibir su falta, ellos sentirán la necesidad
de poseerla y disfrutarla.
Que él debe cuidar su
intención y propósito, para lograr que su lámpara
siempre esté operativa y los demás sepan que
él porta una lámpara que siempre está
preparada para iluminar el camino de los demás en caso
de necesidad.
Y así es.
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