| CAPÍTULO
III
CUATRO PODERES Y VOCABLOS MÁGICOS
(Retornan las Diosas)
Los Maestros dicen: El principio
más dinámico del universo es el AMOR, círculo
de luz que les une y lleva a nuestro encuentro. Fluyan con
armonía y paz hacia las nubes. Arriba, en lo más
alto, el vuelo de las águilas siempre se destaca. Seres
de luz les acompañarán en el camino guiándolos
hacia el Centro del Amor.
Hesiodo, poeta de Ascra, decía
en Beocia en sus celebres Teogonías, durante el siglo
VII aC, que de los mismísimos orígenes de la
Creación, de allí donde reinaba el Caos, era
preciso hacer florecer el Amor, pues éste era el “motor
universal de los principios cósmicos”. De esos
mismos comienzos emanan las divinidades como producto de las
más diversas uniones entre los principios abstractos:
Trabajar con las Diosas, hacer magia a través de ellas,
se aprende haciéndola, creándola. Es preciso
entonces anotarse en la dirección que dicen los maestros,
y allí se puede fluir e incluirse en el círculo
de luz para seguir el sendero que ellos mismos nos indican.
Para eso se requiere contar
con los cuatro poderes: Coraje, Constancia, Conocimiento y
Silencio.
Estos, podrían asociarse
con lo que ya en el siglo XIX literalmente decía el
escritor K. V. Eckartshausen, quien desde su juventud había
sido hondamente influido por lo mágico: “Existen
cuatro mundos: Divino, Espiritual, Elemental y el Mundo de
los Cuerpos.
El Mundo Divino es la Fuerza
Primordial de todos los seres físicos y pensantes.
El Espiritual, corresponde
a las Fuerzas Intelectuales, es el mundo de las Inteligencias,
el Elemental, es el de los Principios y el Corporal es el
de las Apariencias Materiales. Los cuatro Mundos, forman,
al mismo tiempo, un gran Templo”
Podría asociarse al
Mundo Divino con el Silencio, pues significa la destreza que
nos permite escuchar nuestro ser interior y acceder a la Chispa
Divina. Para ello, ya las ancestrales sociedades herméticas
señalaban que se debía implantar la costumbre
de hacer retiros para promover la práctica del silencio.
El espiritual con el poder
del conocimiento: ese fragmento que cuando se conoce, se convierte
en el contacto con la sabiduría interior.
El elemental podría
ser equiparado con la constancia, pues se trata de los preceptos
que nos inducen a actuar con tenacidad, apartando cualquier
circunstancia la cual pretenda distraernos del norte previamente
definido.
Y el de los cuerpos se asocia
con el coraje.... fuerza interior indispensable para hacerle
frente a los retos de este mundo.
Ciertamente, desde la sabiduría
patrimonial de las mujeres, esta cuadratura energética
conforma las bases del templo, si consideramos a éste,
como el espacio fundamental dentro del cual se producen transformaciones
intensas como consecuencia de un entrenamiento mágico.
Hoy en día es necesario comprender esas virtudes y
nutrirnos de ellas, manteniéndonos el mayor tiempo
posible dentro de nuestro “templo personal”, e
implantándolo en nosotros desde la conciencia.
Entonces es necesario sintonizar
la energía yin con la creación de una cultura
interpretada desde lo Sagrado Femenino, aunque ya en el contexto
mitológico e histórico, su simiente aparece
señalada desde las diosas, quienes eran consideradas
como sagradas.
Fue en aquel tiempo cuando
se extendieron las portadoras de sueños, desplegaron
los arco iris y fecundaron los planetas, trayendo un aprendizaje
que conlleva a la madurez espiritual que señala una
revelación de orden metafísico. Me refiero a
tener y conservar un estado de paz placentera propia del ser,
de la cual no gozan debido a la fase de agitación antinatural
en que se vive en este mundo. Para lograr ese orden sublime,
se requiere pronunciar el siguiente conjuro: rinvana, milgana,
aurana, vocablos mágicos que describen la perfección
que reina en algunos lugares del universo, pero recordando
que esta se logra en forma escalonada y no súbita.
(continúa)
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