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"Hermanos de las Estrellas ¿dónde están?"
(Fragmento)

Akuba, continuó periódicamente visitándonos y se hizo habituée del lugar, su presencia, su vibración ya nos es familiar. Con él, aprendimos muchisimo: sobre su vida antes y ahora, sobre sus naves y comandos. También contacté a otros Comandantes de diferentes flotas, ubicadas en diversos lugares. Unos en las aguas otros en la superficie del planeta, aunque las hay también intraterrenas.

Hay una Nave Madre, solo una,
ubicada en las afueras de su planeta y
de dimensiones para ustedes inimaginables.
También las hay nodrizas, una por cada continente.
Las de apoyo, cómo la que manejo, son muchas
y se ubican en forma extraterrena e intramarina.

La pregunta clave era entonces porqué se dirigían a nosotros — un grupo tan pequeño — en lugar de hacer una aparición masiva y pública, o tal vez a grandes instituciones científicas.

Grupos cómo el de Uds.
son nuestro mejor vehículo de divulgación.
Los gobiernos tienen miedo
de que la humanidad se alce ante fenómenos
que ellos mismos han producido.
Se ha alertado a los grandes poderes institucionales,
a las iglesias, para que acepten nuestra realidad
y barran los dogmas.
Pero el temor les tiene aterrados.
Hay desorden a todo nivel.
Sin embargo, ya han comenzado a aceptarnos.

Quedé impactada por la precisión de sus conceptos. Recordé, súbitamente, que en el primer libro de la Thora (Génesis ) había leído algo similar, relacionado con el desorden que ELLOS citaban, busque el libro y en efecto dice así:

<<En el principio creó Dios los cielos y la Tierra
(2) Y la Tierra estaba en caos, y había oscuridad sobre la faz del abismo....>>

y entonces comprendí que eso era parte del caos.

Para entonces, ya tenía muchos amigos de la vecindad cósmica, amigos en la inmensidad en que vivimos, aún cuando nuestro espacio aparente ser algo reducido.

Las interrogantes no han variado en el tiempo: ¿Quiénes los dirigen? ¿De dónde provienen?

Obviamente, hablamos de seres inteligentes, quienes han estado interactuando con nosotros, habitantes de la Tierra, desde hace eones de años. Aún lo hacen, pero ahora con mayor frecuencia y apertura en relación unos siglos atrás. Los tiempos son otros, los humanos también.

La experiencia visual, onírica, telepática o física, tanto con los vehículos cómo con los seres, se ha dado en llamar ciencia de la ufología, sin embargo, muchas veces tenemos sólo eso el relato de una experiencia...

Hoy por hoy, hay ya tres países, aceptando cómo una realidad, la presencia de estos vehículos en el marco aéreo de nuestro planeta y más aún: Chile considera esta investigación materia de estado, habiendo creado conjuntamente con la fuerza aérea de su país el proyecto RADAR, el cual depende de AION, organismo conjunto que suma la universidad oficial y cuyos fondos de mantenimiento e investigación surgen tanto del gobierno en sí cómo la Fundación Rockefeller.

De acuerdo con la legislación existente en los EEUU, toda noticia considerada capaz de crear interferencia en la seguridad del país, debe ser mantenida en secreto durante 50 años. En efecto, así ocurrió con el conocido caso Roswell, por cierto, sólo uno de lo varios accidentes de naves alienígenas en esa zona, pues por aquella época hubo muchos acontecimientos de tal índole en la región.

El incidente, forzó a las autoridades a profundizar en la investigación, lo cual hacen hasta nuestros días. Sin embargo, ahora no están solos. Finalizados los 50 años exigidos por el gobierno norteamericano, ya no hace falta seguir manteniendo el secreto o ha sido difícil hacerlo, pues los testigos, cumplido el lapso de ley, quedaron en libertad de hablar y así lo hicieron.

En los EEUU, se difundieron desmentidas a granel, diversas historietas sobre los balones o globos meteorológicos y rastreadores satelitales. Gran parte de esto ha servido cómo un cuidadoso sistema de desinformación. Otros, cómo el sonado caso Tucupido, en el Estado Guárico de Venezuela, han causado risa entre —quienes conociendo la verdad— escuchaban la "historia oficial".

¿Cómo validar tan severa prohibición, si cómo dicen los gobernantes "aquí nada ha ocurrido"? ¿Por qué incluso se incurre en amenazas en caso de divulgarse alguno de estos sucesos? Y ... la increíble inversión en investigación: ¿tan sólo para un proyecto de algo inexsistente? Hasta 1997 pudiese haber habido dudas.

Esto bien poco puede sorprendernos conociendo cómo, precisamente en esta media centuria, hemos disfrutado de conquistas espaciales, avances en las comunicaciones, la cibernética, ingeniería genética y en fin, tantos adelantos científicos y tecnológicos que para nosotros mismos, hace apenas unas pocas décadas atrás, hubiésemos considerado fantasiosos. Hoy son materia cotidiana. ¿Podría verdaderamente sorprendernos esa presencia, antes bien difundida por la historia?

Aunada a esta circunstancia, ha proliferado el evento contactista, si bien en un gran porcentaje creando una serie de buscadores de protagonismo o timadores del conocimiento, en otros, ha dado a conocer auténticas personalidades en esta materia de cuya seriedad y veracidad es difícil de dudar. Son muchas las evidencias que han sido confirmadas a posteriori. Ya hay algunos países en los cuales se han creado organismos e instituciones dedicadas a estudiar y analizar esta circunstancia.

Mi afanada pesquisa no cesaba, hasta que en 1997, se dio el Cónclave de Stanford auspiciado por la Fundación Rockefeller – la misma que ayudó al Dr. John Mack – y la Sociedad Norteamericana de Exploración Científica. En esa notable reunión que duró varios días, intelectos de todo el planeta, concluyeron que algunos casos de vehículos interespaciales, navegando el territorio aéreo planetario, son auténticamente extraterrestres. Tan determinante documento, constituyó una bomba para la comunidad científica internacional. Sin embargo, no se difundió en todas partes. América del Sur es uno de los continentes donde apenas se supo de ello.

Ya con este determinante conocimiento, mi ansiedad cesó, y entonces me dediqué con ahínco a <escuchar>.

Dejó de interesarme si había o no escépticos, una vez que comprendí, que era simplemente miedo al reconocimiento de una realidad y comencé a disfrutar de ella. ... (continúa)

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