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¡LEAME LAS CARTAS, POR FAVOR!

Nada más inquietante, sorprendente y esperado que una visita a quien pueda “de verdad” hacer una lectura de barajas. ¡Créame: es así! Alguien que nos hable del futuro y cuyas predicciones se cumplan y no se refiera al pasado pues si bien lo conocemos podríamos hasta haberlo olvidado. Lo ya sucedido suele tener poca importancia, mientras el porvenir es algo en lo cual todos queremos incursionar.

El chisme mejor guardado es el nombre y teléfono de `esa´ persona, pero también el más murmurado. Y el murmullo no es sólo sobre el personaje sino también sobre los resultados. Lo que no indagamos es cuánto de estudio y preparación hay tras esto. Suele ser considerado parte de la magia cotidiana.

Ocurre con frecuencia que quien a esto se dedica tan sólo lo hace en forma intuitiva y ¿por qué no? a veces “inventiva”, tiene ciertas dotes para el drama y conoce las necesidades humanas y ¡vamos incauto, que te estoy esperando!.

Otros, aprendiendo rigurosamente el significado de cada carta acorde a la abundante bibliografía actual. Algunos realmente interpretan la posición e interrelación entre ellas, apegados a la representación esotérica descrita en el celebre libro El Taro fuente augusta de la Tradición Iniciatica. Sus jeroglíficos proféticos tan solo eran enseñados de boca a oídos a los discípulos avanzados o iniciados de las escuelas de magia, a aquellos apegados a un profundo conocimiento interno y al saber de su Maestro personal, los cuales enseñaba la representación de la filosofía de cada imagen. Estos son los menos y poco publicitados.

El Taro, hoy incorrectamente conocido como Tarot se compone de representaciones pictóricas, figuras seriadas y correspondientes con signos astrológicos y cabalísticos, las cuales se diseñaron y colorearon como fórmula de transmisión del conocimiento oculto, por lo que no todo el mundo puede ser su interpretador. Estas representaciones pictóricas son básicamente un procedimiento que muestra los secretos en el proyecto cósmico de la creación en el que se incluye al hombre, cada color y matiz de éste tiene un significado especial, lamentablemente, hoy el Tarot es solo conocido como un sistema profético, adivinatorio, cuando en realidad es un anagrama cuya correcta interpretación debe expresarse como aprendizaje para el consultante.

De hecho, en todas las civilizaciones antiguas aparece de una u otra forma el tarot, dándole especial significado a cada una de sus letras cada una de las cuales personifica los elementos y sus habitantes: T representa la Tierra y sus elementales los Gnomos; A es el Alfa, el inicio de todo; encarnado por las Salamandras, habitantes del fuego; R Representa las Sílfides moradoras del elemento aire y O es la Omega, donde las Ondinas identifican al agua. En épocas de agudo oscurantismo la presencia de los Templarios abrió un espacio diferente dentro del mundo secreto, pero se les acuso de incurrir en el quebrantamiento de las normas establecidas solo por conocer el significado del Tarot. Luego, este aparecería en todos los siglos por venir, donde incluso se modifico para darle cabida a los símbolos que representarían a personajes de la corte y sus valores en el trato con sus súbditos. De tal importancia se convierte el conocimiento del Tarot, que algunas sociedades herméticas lo adoptan como parte del desarrollo iniciatico de los nuevos integrantes a su orden.

Pero no basta con tener el conocimiento, es preciso añadir los aspectos de la (PES) Percepción Extrasensorial difíciles de diferenciar por cuanto no siempre se les reconoce en su vastedad y los cuales se manifiestan de manera muy marcada en algunos privilegiados.

La Percepción Extrasensorial considera legítimos solo tres aspectos principales: Telepatía, Clarividencia y Precognición. La capacidad de videncia permite al maestro interpretador darle a su consultante una imagen correcta del significado que el grupo de cartas le depara como mensaje, aunado a esa capacidad de videncia que le permite “ver” en su consultante lo que no es obvio a la vista de otros.

Podemos describir la telepatía como la transmisión entre una y otra persona, imágenes, símbolos o sensaciones que se traducen en palabras. Ese traspaso es una sincronía en frecuencia de las ondas cerebrales que ambos - transmisor y receptor- generan por lo que la distancia no tiene importancia y no precisa recurrir a las vías usuales de comunicación.

Si el lector tiene facultades como canal telépata, entonces la leyenda de las cartas lleva un elevado porcentaje de posibilidades para que éste sea no solo auténtico, sino que se corresponda con el aprendizaje que el consultante necesita tener para poder ascender en su proceso evolutivo.

Definamos la Clarividencia como un evento a través del cual quien lo experimenta conoce anticipadamente sucesos ocultos a la visión ordinaria e independientes del factor espacio temporal, los cuales percibe indistintamente sea en sueño o vigilia y del detonante que lo dispare. Y la precognición, no es más que la capacidad de conocer con anticipación sucesos que ocurrirán en el futuro.

Es imprescindible, que el Maestro Interpretador, se sintonice con acontecimientos marcados por ritmos cósmicos que se ajustan a tres aspectos importantes de todo Ser: el ejercicio del libre albedrío, las decisiones tomadas en el entrevidas y los compromisos karmáticos negociados para la actual encarnación.

Resultaría muy extenso continuar enumerando los requisitos que necesita conocer el consultante cuando elige su tarotista. Debe saber cuan inapropiado es utilizar una lectura de cartas como una experiencia meramente adivinatoria, en cambio es el summum de la actuación de todo Maestro Interpretador utilizarla como una oportunidad para detectar bloqueos, potencialidades, paradigmas no cónsonos con la actual realidad y nuevos esquemas de crecimiento y con ellos orientar a su consultante.

Por eso cuando usted diga ¡Léame las cartas, por favor! sepa que un buen oráculo, que así se debería llamar quien maneja el Tarot, le dará herramientas para su crecimiento más que una predicción de su futuro, aunque aún no siendo esta la razón principal de la consulta, aparecerán nuevos sucesos en la lectura. Sin embargo, siempre es usted quien decide hacia cuál lector se va a dirigir: hacia el Maestro Interpretador o hacia quien mejor haga acopio de fantasía que consuele su ego más que nutra su evolución.

Martha Rosenthal
martha_diosas@cantv.net

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