EL
VALOR DE LA CONCIENCIA
Un tópico al que se
le presta poca o ninguna importancia es el valor de la conciencia,
desatendiendo la importancia de la experiencia contemplada
por quienes si atienden a este tema con profundidad, interés
y constancia.
El valor de la conciencia ha
sido no solo aislado de temas de importancia para el desarrollo
evolutivo del ser sino que desestima el alcance intrínseco
de este dejándolo obviamente como una manifestación
atonal de muchos de los que se jactan de responsabilidad,
seriedad y amor: son falsas promesas.
Imaginemos un mundo donde cada
porción de territorio se maneja desde leyes primordiales
pero que desacatan las otras, esas que se anotan en cada fragmento
de firmamento pero que no son indelebles, muy por el contrario.
Están suscritas precisamente para darle valor a nuestra
conciencia. Vamos a conjeturar que dentro de los cambios que
por valoración se hagan se incorporan y entremezclan
ambos grupos de leyes y bajo ellos se coexiste.
En la diversidad de intereses
que se manejan en el planeta en que elegimos vivir se ha comenzado
a encontrar motivos más que suficientes para desarrollarnos
como seres concientes. Por ello la tendencia a la búsqueda
de alternar en grupos de personas que generen pensamientos
hacia el crecimiento sustentados en valores evolutivos. Lastimosamente,
también algunos de estos grupos se hacen fanáticos
de algún dogma soñoliento implantado por el
cabeza de grupo pero que muchas veces no se semeja con sus
acciones. Solo son palabras.
Suelen ser dobles discursos:
uno en la voz y otro en la acción. Es ni más
ni menos que un problema de valoración de la conciencia
o ausencia de ella: es cuando se debe pensar formalmente en
el establecimiento de un estado de cognición que aprecie
los valores intrínsicos del ser. La decisión
irrevocable de cambios internos que permitan abordarnos no
a nivel de mente sino de sabiduría, de discernimiento
y realización. Es cuando la realidad de la búsqueda
nos hace ver con claridad la evidencia conductual de quienes
alejados de un movimiento sincrónico entre pensamiento,
palabra y acción sólo se basan en el antivalor
de la conciencia para manejarse en sus intereses personales,
pisoteando a quienes encuentran en el camino por sentirse
infalibles.
¡Alerta! ¡Cuidado!
Las leyes están allí: sordas, ciegas, mudas
e implacables. Y así como ninguna máquina puede
estar en permanente movimiento ninguna mentira es sustentable
en el tiempo.
Martha Rosenthal
martha_diosas@cantv.net
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