¿HABITANTES
INTRATERRENOS O DE SUPERFICIE?
En noviembre de 1968, exactamente
el 23 de noviembre, el satélite ESSA-7 tomó
unas fotografías rutinarias de reconocimiento atmosférico
del Polo Norte. Sorprendentemente, sólo dos años
más tarde, iniciándose 1970, fueron entregadas
a la Administración del Servicio de Ciencia del Medio
Ambiente (ESSA), de los Estados Unidos. Fueron estas unas
admiradas tomas que despertaron una vehemente discusión.
El Polo Norte mostraba con
orgullo su corona de nubes —y por otro lado —
señalaba la misma zona sin nubes. Todo hubiese quedado
como materia de investigación, sin apuros y a futuro,
si no hubiese sido por que esta última foto, apuntaba,
donde hubiera debido estar el Polo, un inmenso agujero. Se
despertaba así una de las controversias más
sensacionales y célebres de la historia.
Son muchos los siglos en que
se ha hablado sobre la teoría de la tierra hueca. Como
en tantos otros temas, el hombre a veces cerrado y obtuso,
apegado a paradigmas hoy obsoletos o al menos resquebrajados,
insiste en ver para creer. Fue así como estas fotos
reabrieron a nivel internacional los mitos y leyenda, sobre
los habitantes y civilizaciones de la intratierra.
Antiguos relatos, nos hablan
de civilizaciones secretas desarrollándose en las profundidades
del planeta. Multitud de leyendas y tradiciones indígenas
del continente americano, refieren la existencia de redes
de comunicación entre ciudades subterráneas.
Se cuenta en la mitología griega, que Orfeo intentó
rescatar a Eurídice del infierno del sótano
terreno; Gilgamesh el héroe babilonio visitó
a Utnapishtim su antepasado en uno de estos profundos mundos;
Agharta es el paraíso oculto en las profundidades,
donde florece la mitología budista y Erks, es una civilización
de seres extraños, humanos de gran sabiduría,
que habitan bajo el territorio cubierto por Suramérica.
Prácticamente no hay
cultura o civilización de la remota o cercana antigüedad,
tampoco relato legendario, que no nos hable de que la Tierra
tiene civilizaciones de superficie — léase nosotros—
y otras de intratierra, por lo tanto el planeta es hueco.
En la literatura, recordemos
a Julio Verne. Llama la atención que de sus múltiples
relatos, algunos de ellos han demostrado — en el tiempo,
como todo — ser realidades, comprobadas con minúsculas
diferencias. ¿Sería sabio, también en
esta oportunidad, presumir como cierto su relato “ Viaje
al centro de la Tierra?” Contemporáneo con Verne,
Edgar Alan Poe, nos habla en su muy conocida obra Las Aventuras
de Arthur Gordon Pym, de personajes que penetran al interior
de la Tierra a través de un volcán extinguido
y encuentran frondosos bosques, nuevos enormes reptiles de
la remota prehistoria y aturquesados cielos y mares.
Sin embargo, podríamos
alegar que, como buen escritor, hacía gala de una creación
acorde con lo que hoy conocemos como ciencia ficción,
de no ser por la referencia que cede Amadeo Giannini, quien
refiere que el pionero de las exploraciones aéreas
por el polo, vicealmirante Richard E. Byrd, de la Armada norteamericana
había no solo sobrevolado la Antártida y el
Polo Norte, sino que también había penetrado
en una de estas inmensas cavidades, en donde según
su propio relato, veía bajo el aeroplano bosques cruzados
de ríos, llanuras y lagos, y extraños animales.
Byrd, hablaba de que “
la tierra que traspasaba el Polo era un territorio encantado
de permanente misterio”.
Cabe entonces preguntarse,
¿es ciencia ficción el relato de Poe, imaginación
pura el de Verne y tal vez una teoría fantástica
de Byrd, quien sólo deseaba aproximarse a las fábulas
que hablan de una super civilización subterránea
donde se conserva la fauna y flora que la raza humana destruyó
con sus malos manejos? O...¿es la Tierra realmente
hueca? ¿O tal vez todo cuanto relato aquí, pertenece
al reino de lo mítico y legendario, hermano de la fantasía...?
Investigadores y científicos
mecen sus trabajos buscando la respuesta que ya parece obvia.
Martha Rosenthal
martha_diosas@cantv.net
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