LLEGÓ
LA REVOLUCIÓN
Hoy por hoy, revolución
es uno de los términos más usados. Dentro de
nuestro país Venezuela con un particular y amargo simbolismo.
Fuera de él, con otro. A veces no muy diferente. Pero
a nivel planetario, es usual leer, escuchar o anotar ese mismo
vocablo para referirse “revolución del alma”,
al reencuentro con nuestro espíritu, al retorno a la
esencia. Sólo así se concibe aceptar que llegó
la revolución.
La más poderoso fuerza
motriz del hombre, surge desde que éste encuentra en
esos espacios de su existencia, un anhelo insatisfecho, oscuro
e incompleto de su Ser. Ese estado anímico-espiritual,
se experimenta batallando por encontrar un rumbo propio que
le permita identificarse con sus necesidades esenciales, mientras
que éstas le lleva desde un espacio-temporal inerme
hacia otro de esplendor. Es el plano de la conciencia, la
necesidad de conocimiento y la aspiración de crecer,
evolucionar.
Como todo tiempo nuevo, a manera
de un parto cósmico que es, sus efectos son dolorosos,
pero la resultante final, es un neonato y maravilloso esquema
de vida, un ser que se estabiliza en el correr de los días.
Pero para ello, demanda crear en el entorno una armonía,
el equilibrio que le permita un adecuado desarrollo y…
no siempre lo encuentra.
Vestigios de ciclos pasados,
desorden acumulado y aún no resuelto, paradigmas añosos
que solo con el desaprender pueden eliminarse, entorpecen
el sano crecimiento de ese “ser” que acaba de
arribar desde lejanos lugares. Es allí cuando se requiere
que en verdad, llegue la revolución y para ello es
preciso poner de inmediato manos a la obra.
En un sentido más literal,
es difícil, por no decir imposible, concebir una rebelión
sin sentido de futuro, sin valores propios ni compromiso consigo
mismo y con los demás. Nuestro maestro interno, esa
vocecita a la que tanto desatendemos, esta allí presente
para señalarnos el camino, recordarnos que no se puede
complacer a todo el mundo cuando el entusiasmado primero debe
ser uno y ya se estaría haciendo un alto favor al desarrollo
del ser que nació hace poco. Respetándonos a
nosotros mismos.
Hasta no hace mucho tiempo,
las fronteras que diferenciaban al hombre de los otros tiempos
con los del futuro, se enmarcaban en la triangulación
conformada de técnicas de relajación, meditación
y visualización para el logro de una mejor calidad
de vida. En realidad, ¿que hubiésemos hecho
sin esas maravillosas herramientas? Pero adaptándonos
a los cambios se han añadido aspectos transformadores,
a cual más importantes: el poder del pensamiento, palabra
y acción; la modificación de algunos sistemas
de creencias que tanto daño han hecho hasta nuestros
días, la estimulación del liderazgo personal
colocando en adecuado balance el ego y la humildad, el reconocimiento
de que no somos los únicos habitantes en la inmensidad
del universo y como meta fundamental, una declaración
de principios que establezca como arquetipo del hombre del
futuro, el reconocimiento del Amor como inteligencia rectora
de la vida.
Allí,
está representada la revolución más importante
de todos los tiempos, un ámbito cromático que
atrae a personas con conceptos de vida semejantes, enmarcados
dentro de un mandala espiritual impenetrable y el cual establece
un extraordinario potencial de fuerza sensible.
Para ello se precisa crear
un propósito puesto que ya existen los objetivos y
el inicio del plan requerirá de muchos aspectos: confiar
en esa voz interior, fortaleza ante las Mandala celta adversidades,
aceptación de que es preciso seguir el proyecto establecido
para crecer y evolucionar dentro del mismo. De igual forma
y como discurso que se plantea para sostener la visión
de futuro, es imperativo manejar el pensamiento y la palabra
para contribuir a hacerlas mas inspiradoras y de tal manera
corregir las energías dispersas, aprender a agradecer
y bendecir por todo cuanto el cosmos nos provee, puesto que
es parte de nuestro plan de vida, congratularse por tener
la oportunidad de ser aceptando servir a los demás,
reconocer que los errores cometidos son parte del aprendizaje
y no de la culpa, establecer actitudes sanas asumiendo la
responsabilidad de los actos.
Y finalmente recordar, que
cuanto vivimos o bien es parte del uso del libre albedrío
o bien del equipaje que intencionalmente se trae de retorno
como opción de vida.
Recordemos las palabras de
Alfonso Siliceo Aguilar:
Toda elección, cuando
está sustentada por una intención
y una ejecución impregnadas de un contenido ético,
es una acción espiritual.
¡Así es como llega
la revolución, eligiendo crearla dentro y fuera de
nosotros!
Por eso, desde mi mejor espacio
les invito a hacer la revolución, a implantarla primero
en nuestro ser y luego en lo que nos rodea sin prestarle mayor
atención a quienes de manera desaforada intentan forzar
la suspensión de la acción. Manos a la obra,
que si podemos, solo tenemos que desearlo, intentarlo y hacerla.
¡Hagamos la revolución
ya, que nuestra alma está ansiosa y espera!
Martha Rosenthal
martha_diosas@cantv.net
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